Conclusiones Actos Académicos y Profesionales
 
  Discurso de don Rafael Termes en el Acto Territorial del Sesquicentenario en Cantabria (Santander, 18 de Noviembre de 2000)


EL PAPEL POLIFACÉTICO DEL INGENIERO INDUSTRIAL EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Rafael Termes

Agradezco al Colegio Oficial de Ingenieros de Cantabria la invitación a participar en el Acto Inaugural de las Celebraciones organizadas para conmemorar el Sesquicentenario de los estudios de Ingeniería Industrial y el Cincuentenario de la fundación del Colegio, pronunciando una conferencia.

Quiero manifestar mi especial gratitud al Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales y a los diversos Colegios y Asociaciones que me han permitido acceder a la información que me ha servido para hilvanar mis palabras.

Con motivo de la inauguración de los actos organizados para la celebración del 150 aniversario de la creación de nuestra carrera, Angel Llobet, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, ha afirmado que la ingeniería industrial no tiene paro. Este hecho, además de ser satisfactorio para todos los que componen la profesión, es una prueba de la aceptación del ingeniero industrial por parte de las empresas y de la sociedad en general. En efecto; las estadísticas dicen que, en el ámbito empresarial, de cada 100 ingenieros superiores empleados, 57 son ingenieros industriales. Por lo que respecta al Sector Público, en la Administración Central, los ingenieros industriales representan el 51 por ciento de los ingenieros superiores; en las Administraciones Territoriales la proporción se eleva al 85 por ciento y en las Locales se mantiene alrededor del 43 por ciento.

Tal grado de aceptación demuestra que la formación que las Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales imparten corresponde a lo que el mercado demanda. Y esta formación ha sido, es y, a mi juicio, deberá seguir siendo, generalista, polifacética. Es verdad que en sus orígenes, el propósito de impulsar el proceso de industrialización del país y las características del momento hicieron que los estudios de la carrera se centraran en la mecánica y la química, hasta el punto que nuestros primeros colegas ostentaban el título de Ingeniero Mecánico o de Ingeniero Químico, aunque algunos reunieran los dos. Pero con el paso del tiempo, los estudios se fueron ampliando y, hoy, el ingeniero industrial está altamente capacitado para dirigir, proyectar, gestionar, organizar, controlar, investigar, aplicar, innovar e impartir docencia en automática, diseño de productos y sistemas, mecánica, química, energías renovables, electrónica, electrotecnia, estructuras y construcciones industriales, fabricación, fluidotecnia, gestión y dirección de empresas, informática, logística, materiales, medio ambiente, termoenergética, transportes, movilidad y vehículos.

Pero lo que importa no es destacar la extensión de materias que cubre el Plan de Estudios de nuestra carrera, ya que su diversidad podría simplemente traducirse en el aumento de las especialidades, sino poner de relieve el espíritu omnicomprensivo, enciclopédico -por decirlo con palabras de Esteban Terradas- con que en la formación del ingeniero industrial se abordan la diversidad de saberes. “Un verdadero técnico superior -decía aquel eminente ingeniero industrial- debe abarcar la generalidad de las cosas. Su misión es sobre todo directriz, coordinadora. Debe estar por encima de la subdivisión de las especialidades, dotado para las grandes ideas, para las grandes concepciones. No debe esterilizarse en las pequeñeces, ni sentirse restringido por una limitación excesiva en su jurisdicción profesional”. Y esto, añado yo, es lo que ha logrado la corriente que, frente a otras opiniones, ha prevalecido en la práctica totalidad de nuestras Escuelas que, gracias al énfasis puesto en la gestión y en todo lo relacionado con la economía y la dirección de empresas, pueden enorgullecerse de formar hombres para el liderazgo.

Que este enfoque es acertado lo prueba no sólo la fácil colocación de los recién titulados, demostrando la alta valoración que de ellos hacen las empresas, sino los resultados de las encuestas realizadas al objeto de averiguar el perfil de los ingenieros industriales demandado por los sectores empleadores. En la llevada a cabo por Metra Seis, por encargo de la escuela de Madrid, ante el dilema Ingeniero Generalista Polivalente frente a Ingeniero Especialista, las respuestas de las empresas decantaron una clara preferencia en favor del primero de estos perfiles; sólo el 27% se pronunció en favor de los Ingenieros Especialistas. Y, como era de esperar, las Administraciones Públicas, tanto al nivel Central como Autonómico y Local, prefieren el ingeniero polivalente frente al especializado. Las áreas de conocimiento que los encuestados consideran básicas para nutrir el perfil del ingeniero generalista son la Economía, la Dirección de Empresas, la Informática y los Idiomas; detrás vienen las restantes disciplinas del actual plan de estudios.

De la encuesta se deduce que las empresas parecen muy conscientes de la necesidad de acometer un serio esfuerzo de desarrollo tecnológico, sobre todo en las áreas más directamente relacionadas con la mejora de la productividad. Y no cabe duda que, entre ellas, hoy ocupan un lugar preferente las tecnologías de la información y de la comunicación, que constituyen el núcleo de lo que se ha venido en llamar la nueva economía. Pues bien, mi opinión, que estimo ampliamente compartida, es que el ingeniero generalista, cual es el ingeniero industrial, es el mejor preparado para captar el rápidamente cambiante proceso innovador, asumirlo e implantarlo. Sin obstáculo, desde luego, del esfuerzo que deben realizar, y ya están realizando, las Escuelas para que el ingeniero industrial esté altamente calificado en el campo de las nuevas tecnologías. Esta es la razón por la cual el Dr. Pere Guitart, Presidente de la Federación de Asociaciones de Ingenieros Industriales de España, ha podido recientemente decir que los ingenieros industriales no han de tener miedo a los ingenieros de telecomunicaciones. A mi entender, la solidez de esta afirmación descansa precisamente en el hecho de que mientras el segundo no pasa de ser un ingeniero especialista, el primero, por su condición de generalista, es capaz de entender y asumir el papel que las telecomunicaciones, y, singularmente, las que descansan en Internet, están destinadas a tener, no como fin sino como medio, en las empresas de siempre.

La formación generalista del ingeniero industrial y, por ende, su preparación para captar y desarrollar los múltiples aspectos de la pluriforme realidad que nos envuelve, hace que podamos encontrar ingenieros industriales en los más diversos campos de actividad, incluidos aquellos que parecen más alejados de lo que, en una visión menos amplia, cabría calificar como el menester propio del ingeniero.

Para terminar, y al hilo del discurso, afirmo que para que el carácter polifacético, omnicomprensivo, enciclopédico, del ingeniero industrial subsista, es necesario que nuestras escuelas, sin caer en el espejismo de una falsa concepción de la nueva economía, persistan en impartir formación generalista e intensifiquen la formación de postgrado, es decir, los cursos para la obtención del doctorado. Acabo de ver una tesis doctoral elaborada en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, bajo el título “Ingeniería y Humanismo. La formación integral del Ingeniero. Ciencia, Tecnología y Sociedad”. Este enunciado me confirma en la opinión de que es en el ámbito doctoral donde tienen mejor cabida las disciplinas que, a la postre, han de mantener, en los ingenieros industriales de mañana, el saber humanístico.


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Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, 2000