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LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Acto de apertura: ARTURO GONZÁLEZ ROMERO
Es para mí una enorme satisfacción poder hoy compartir con ustedes los actos conmemorativos del 150º aniversario de la creación de los estudios de Ingeniería Industrial de España, que es tanto como decir de nuestra entrada, por fin, en la revolución industrial y en la modernidad.
Si hacemos un pequeño esfuerzo y tratamos por un momento, de momento, de pensar en aquella España decimonónica con unas tasas de alfabetización tan pequeñas que hoy nos harían sonrojar: plagada de agricultores y artesanos; sin apenas industria ni infraestructura; y, por supuesto, con escaso presupuesto para la formación de jóvenes universitarios, comprenderemos que no fue una época fácil para abrirse camino y sacar adelante aquellas primeras escuelas de ingenieros.
Una de aquellas escuelas fue precisamente la de Barcelona, que ha venido impartiendo desde entonces, y de forma ininterrumpida, los estudios y la profesión que contribuyeron, a mi juicio decisivamente, a lanzar al país hacia la modernidad y especialmente a las empresas, a las que comenzaron a dotar de una organización y unos procesos de producción mucho más modernos y racionales.
Ni siguiera la Administración industrial fue la misma a partir de la salida de las primeras promociones de ingenieros industriales. Porque también a los gestores públicos nos han venido enseñando, durante este siglo y medio, a comprender mejor el fenómeno industrial. Abundan en la actualidad los ingenieros industriales en las Administraciones Públicas, a las que proporcionan un mayor conocimiento industrial y, en consecuencia, un aporte insustituible a la hora de evaluar proyectos o planificar programas y políticas.
El ingeniero ha ayudado, pues, a las empresas a ser más competitivas, más ambiciosas, más modernas y avanzadas. Y por ello, me parece muy oportuno reunirnos hoy aquí para hablar del principal factor de cambio y de modernidad de los últimos tiempos: la irrupción de la información, a través de la informática, en cada uno de los rincones de nuestras vidas. Eso que se ha dado en llamar “sociedad del conocimiento”, a la que ya no podemos sustraernos ninguno de nosotros. Porque esta revolución digital no está centrada exclusivamente en la información, sino principalmente en el conocimiento y la innovación, Y no es, además, sólo una evolución tecnológica, sino, sobre todo, una evolución económica y social.
Si bien todas las sociedades y economías se basan en el conocimiento, lo más novedoso del momento actual es que las tecnologías de la información y las telecomunicaciones están cambiando la naturaleza del proceso de evolución del conocimiento. Los bienes, productos y servicios incorporan cada vez más conocimiento. Se está invirtiendo progresivamente la relación entre inversiones en activos fijos e intangibles (recursos humanos, cambios en la organización, innovación, software). Una gran parte de las inversiones en activos tangibles está vinculada a cambios tecnológicos, por cuanto las nuevas plantas y equipos incorporan generalmente las últimas tecnologías.
Según un informe del Departamento de Comercio de Estados Unidos, casi la mitad de su empleo estará ubicado en el 2006 en sectores de gran producción o uso intensivo de tecnologías de la información. Sectores que crecerán, además, muy rápidamente porque también lo estará haciendo su productividad. Y quiero aportar este dato: el valor añadido por trabajador en industrias productivas de tecnologías de la información crece a un promedio anual del 10’4% desde 1990, muy por encima de lo que está ocurriendo en el resto de la economía.
La gran accesibilidad a información actualizada gracias a las TIC ha hecho mejorar de forma sustancial la eficiencia empresarial, transformando tanto sus pautas de organización y dirección, como de relación con sus proveedores y clientes. La planificación de la producción se ha hecho más fácil: los inventarios de materias primas y bienes intermedios pueden reducirse, los plazos de entrega se acortan, la naturaleza de la distribución se ha visto profundamente alterada... Y este gran proceso innovador que está cambiando nuestras vidas, nuestro trabajo y hasta nuestras pautas de Innovación y cambio tecnológico son, en mi opinión, las verdaderas fuentes conductoras del crecimiento económico. Las empresas invierten en innovación para aumentar el tamaño de sus mercados, reducir costes y aumentar beneficios. Estudios sobre innovación para doce países europeos sugieren que el 30% de los resultados empresariales deriva de productos nuevos o mejorados.
Todas las empresas, industriales o de servicios, necesitan innovar para satisfacer las demandas cada vez más sofisticadas de los consumidores o para mantener posiciones de liderazgo frente a la competencia. Más que nunca la innovación es le núcleo de la estrategia empresarial. La fuerte competencia, la globalización y las reformas regulatorias impulsan a las empresas a innovar más rápida y eficientemente, Y esto se convierte en una cadena sin fin y en un proceso de realimentación constante del sistema, de manera que las grandes mejoras en la productividad se van extendiendo progresivamente desde la industria de alta tecnología hacia el resto de la economía.
Y en este escenario, sumamente innovador, determinado por la libe competencia, la competitividad a ultranza y la introducción de nuevas tecnologías, ¿cuál es el papel del sector público y, más en concreto, del Ministerio de Ciencia y Tecnología? ¿Cómo puede contribuir a acelerar tal proceso de crecimiento? Aunque la respuesta es establecer un marco institucional apropiado para que las empresas encuentren rentable invertir en innovación; Segundo, fortalecer las bases científica y tecnológicas, y Tercero, intensificar la cooperación entre los agentes del sistema ciencia-tecnología-empresa.
Frente a estas ideas básicas, es preciso encontrar instrumentos adecuados para poder cumplir los objetivos propuestos. Y, así, insistir en las medidas que aseguren el funcionamiento corrector de los mercados de trabajo, productos y capitales. Que fortalezcan la liberalización de ciertos sectores estratégicos como las telecomunicaciones, la energía o las redes de suministro. Que favorezcan la aparición de jóvenes emprendedores con sus proyectos empresariales, o el arranque de empresas de base tecnológica. O que pongan en el mercado adecuados instrumentos financieros y fiscales de apoyo a la innovación,comportamiento no ha hecho más que empezar.
INNOVACIÓN Y CAMBIO
Innovación y cambio tecnológico son, en mi opinión, las verdaderas fuentes conductoras del crecimiento económico. Las empresas invierten en innovación para aumentar el tamaño de sus mercados, reducir costes y aumentar beneficios. Estudios sobre innovación para doce países europeos sugieren que el 30% de los resultados empresariales deriva de productos nuevos o mejorados.
Todas las empresas, industriales o de servicios, necesitan innovar para satisfacer las demandas cada vez más sofisticadas de los consumidores o para mantener posiciones de liderazgo frente a la competencia. Más que nunca la innovación es le núcleo de la estrategia empresarial. La fuerte competencia, la globalización y las reformas regulatorias impulsan a las empresas a innovar más rápida y eficientemente, Y esto se convierte en una cadena sin fin y en un proceso de realimentación constante del sistema, de manera que las grandes mejoras en la productividad se van extendiendo progresivamente desde la industria de alta tecnología hacia el resto de la economía.
Y en este escenario, sumamente innovador, determinado por la libe competencia, la competitividad a ultranza y la introducción de nuevas tecnologías, ¿cuál es el papel del sector público y, más en concreto, del Ministerio de Ciencia y Tecnología? ¿Cómo puede contribuir a acelerar tal proceso de crecimiento? Aunque la respuesta es establecer un marco institucional apropiado para que las empresas encuentren rentable invertir en innovación; Segundo, fortalecer las bases científica y tecnológicas, y Tercero, intensificar la cooperación entre los agentes del sistema ciencia-tecnología-empresa.
Frente a estas ideas básicas, es preciso encontrar instrumentos adecuados para poder cumplir los objetivos propuestos. Y, así, insistir en las medidas que aseguren el funcionamiento corrector de los mercados de trabajo, productos y capitales. Que fortalezcan la liberalización de ciertos sectores estratégicos como las telecomunicaciones, la energía o las redes de suministro. Que favorezcan la aparición de jóvenes emprendedores con sus proyectos empresariales, o el arranque de empresas de base tecnológica. O que pongan en el mercado adecuados instrumentos financieros y fiscales de apoyo a la innovación.
¿Cuál es el secreto de la “nueva economía” americana? Fundamentalmente, la creación de un marco dinámico e incentivador de la innovación, con regulaciones que consolidan y estimulan la competencia y la libertad económica en la producción de bienes y servicios. Factores, al que se viene a sumar la articulación de una tupida red de cooperación entre la ciencia y la empresa, bien directamente, bien a través de las infraestructuras tecnológicas, como ponen de manifiestos sus imponentes parques científicos y centros tecnológicos y de investigación, por no hablar de los centenares de “spin-off” nacidos en un ámbito puramente académico o investigador, pero que han sabido convertir su conocimiento en un producto industrial, y éste en un éxito de mercado. Éste e precisamente uno de los problemas clásicos que arrastra la industria europea, frente a la norteamericana o la japonesa, como bien resalta el Libro Blanco de la Innovación, de la Comisión Europea: nuestra incapacidad para transformar nuestras muchas y buenas invenciones en productos rentables en el mercado. Dicho de otro modo, estamos, una vez más, ante la incapacidad de la ciencia para atender demandas y necesidades sociales en un momento determinado. No debemos olvidar que la capacidad de innovación de cualquier economía dependen directamente de la interacción entre las instituciones científicas, el sector empresarial, el sector público y el conjunto de agentes que configuran el sistema.
El sector público, y éses es nuestro oficio como gestores, puede ayudar a mejorar el funcionamiento del sistema de innovación intensificando los flujos de conocimiento, la capacidad de los recursos humanos, la movilidad de científicos y universitarios, y la explotación comercial de los conocimientos científicos.
Conseguir una red bien articulada entre la ciencia y la industria es beneficioso para ambas partes. A la universidad le interesa el contacto con las empresas para asegurar buenos y rentables trabajos, mejorar las capacidades de su capital humano y obtener apoyo de la investigación. Las universidades líderes en investigación buscan alianzas estratégicas con empresas, para así consolidar su posición en las redes de innovación y situarse
een el mercado de conocimiento.
Como ya apunté antes, universidades y empresas también se interrelacionan a través de los “spin-off”, éstos con, de hecho, un componente vital de las redes de innovación y están concentrados en sectores como información y telecomunicaciones y biotecnología, la llamada nueva economía. ¿Cómo puede la Administración reducir los obstáculos a la formación de “spin-off”? Pues, entre otras maneras, mejorando los incentivos para los investigadores y las nuevas empresas y creando un marco jurídico favorecedor de la iniciativa empresarial y de la asunción de riesgos.
La movilidad de científicos e investigadores entre ciencia e industria es también un importante foco de interacción. En Estados Unidos, científico se ingenieros cambian de trabajo cada cuatro años, y aún más a menudo en áreas tales como software y TIC. En Japón, por el contrario, solamente el 20% de los ingenieros cambia de trabajos en su carrera. La imposibilidad de transferir las pensiones entre los sectores público y privado actúa como mecanismo de frenado y constituye el principal obstáculo a la movilidad de los investigadores. Otros obstáculos on los derivados de la propia legislación, las normas y regulaciones sobre la movilidad temporal y sobre las que afecten a las empresa que surgen en el ámbito universitario.
Ello exige cada vez en mayor medida que las redes y la cooperación tengan una perspectiva europea y global, dado que la creación de conocimiento está fuertemente globalizada. Una economía cerrada a las redes y al conocimiento global es una economía esclerotizada que incurrirá en muy elevados costes a medio y largo plazo. A ustedes, como ingenieros y como exponentes de la vanguardia tecnológica, les corresponde, una vez más, llevar la país hacia las mayores cotas de modernidad y actuar de catalizadores de la nueva economía.
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