Conclusiones Forum de Debates: "La Ingeniería Industrial ante los retos del siglo XXI"
 
  Resumen de las principales ponencias del Simposium Internacional de Historia de la Ingeniería (Barcelona, 18 y 19 de Septiembre de 2000)- Parte I.


150 AÑOS DE INGENIERÍA INDUSTRIAL EN ESPAÑA (1850-2000). LA ESCUELA DE BARCELONA

Guillermo Lusa Monforte
Centre de Recerca per a la Història de la Tècnica
ETS d'Enginyeria Industrial de Barcelona
Universitat Politècnica de Catalunya

1- El marco de la industrialización española.

Los 150 años de ingeniería industrial deben encuadrarse en el marco de la industrialización española. Iniciado este proceso a comienzos del segundo tercio del siglo XIX, , en vísperas de la primera Guerra Mundial todo parece señalar que España no es todavía un país industrializado. Es el fracaso de la Revolución Industrial en España.. Sin embargo, durante todo el siglo XIX se ha ido produciendo un constante incremento de la industrialización, concentrado en ciertas partes de la península.

A mediados del siglo XIX se pone en marcha en toda España un amplio y ambicioso plan de enseñanzas industriales. Menos de veinte años después, el proyecto está arruinado. Sólo subsistirá la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona. La creación de la Escuela de Bilbao, en 1899, y la reaparición de la de Madrid, en 1901, tendrán lugar cuando el proceso de industrialización español esté configurándose según el esquema tripolar (Barcelona-Bilbao-Madrid) que persistirá hasta la industrialización más completa de España sea un hecho, en la década de los años 1960.

2- Las primeras enseñanzas industriales. Las dos vías anteriores a 1850.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el viejo sistema de enseñanza de base gremial, que podemos llamar de taller-escuela o de fábrica-escuela, será sustituido por la nueva escuela técnica, que acabará siendo modernas profesiones libres.

Los nuevos centros de enseñanza serán obra de dos instituciones: la nobleza y el clero en las zonas rurales del interior de España, y los consulados o juntas particulares de comercio, dependientes de la Junta General de Comercio y Moneda. Las nuevas escuelas estarán dirigidas a la formación profesional de los trabajadores de la navegación, de la industria, del comercio y de la agricultura.

Las modernas enseñanzas industriales darán lugar al nacimiento de las dos principales instituciones dedicadas a la enseñanza industrial, anteriores a los decretos de 1850: el Conservatorio de Artes de Madrid (1824) y las escuelas de la Junta de Comercio de Barcelona (1769-1851). Este alumbramiento se producirá por dos caminos diferentes: una "vía oficial", estimulada por los ilustrados del gobierno de España, que reposará sobre todo en el envío de pensionados al extranjero, especialmente del que ha sido llamado equipo hidráulico, capitaneado por Agustín de Betancourt.

La otra vía, que podría denominarse "social", se debió al impulso de la burguesía comercial costera, y desembocó en la creación de diversas enseñanzas sostenidas por las Juntas de Comercio, de las cuales fue la más vigorosa e influyente la de Barcelona. La burguesía agraria, comercial e incipientemente industrial había traducido su interés por la educación industrial del país en el sostenimiento de las escuelas gratuitas de la Junta de Comercio de Barcelona. Fueron estas escuelas las de Náutica (1769), Bellas Artes (1775), Taquigrafía (1802), Química (1805), Agricultura (1807), Mecánica (1808), Física (1814), Economía política (1814), Cálculo comercial (1815), Matemáticas (1819), idiomas (1824), enseñanza de sordomudos (1838) y derecho mercantil (1845).. En 1850 las escuelas tenían alrededor de 2.300 alumnos.

3- El Plan Seijas (1850).

Ambas vías de desarrollo de las enseñanzas técnicas, la "oficial" y la "social", convergerán con la promulgación del Real decreto de 4 de Septiembre de 1850, que creó en España las enseñanzas industriales, y por consiguiente, la carrera de Ingeniería Industrial.

El sistema de enseñanzas industriales alumbrado por el Real decreto de 4 de Septiembre de 1850 estará basado sobre todo en un proyecto elaborado por Joaquín Alfonso, uno de los pensionados por el gobierno en 1834 para ir a estudiar a la casi recién creada École Centrale des Arts et Manufactures de París. Este establecimiento privado fundado en 1829 jugó en el ámbito de las enseñanzas industriales –a escala mundial– un papel semejante al desempeñado por la Polytechnique con respecto a las enseñanzas de ingeniería vinculadas a la alta administración del Estado. L'École Centrale había sido creada para formar "ingenieros civiles especiales, directores capaces de construir fábricas y de reestructurar las antiguas", y también "capitalistas instruidos" y "profesores que difundan las enseñanzas recibidas en beneficio de contramaestres y jefes de taller". El decreto que creaba las enseñanzas industriales, firmado por el ministro de Fomento Seijas Lozano, señalaba el principal objetivo de la nueva carrera de Ingeniería Industrial: "apartar a la juventud ansiosa de enseñanza del estudio de las facultades superiores a que afluye en excesivo número, para que se dedique a las ciencias de aplicación y a profesiones para las cuales hay que buscar en las naciones extranjeras personas que sepan ejercerlas". Las nuevas Escuelas Industriales, de las que saldrían "perfectos químicos y hábiles mecánicos", eran de tres clases: Elementales (formando parte de los Institutos de Enseñanza Media), de Ampliación (en Barcelona, Sevilla y Vergara) y Superior (sólo en el Real Instituto Industrial de Madrid, que no era sino el viejo Conservatorio de Artes, rebautizado).

4- La Escuela Industrial Barcelonesa (1851).

La Real Orden de 24 de marzo de 1851 creaba la Escuela Industrial Barcelonesa. La nueva Escuela impartiría enseñanzas industriales y mercantiles. Las industriales se componían de dos años de enseñanza elemental y tres de ampliación, que conducían al título de profesor industrial. La enseñanza elemental duraba cuatro años, pero sólo estaban integrados en la Escuela los dos últimos, que eran los que se necesitaba cursar para pasar a la enseñanza de ampliación. Cuando la escuela estuviera en funcionamiento completo se establecerían los cursos cuarto y quinto de ampliación, que darían lugar al título de ingeniero segundo. No existían los dos cursos de enseñanza superior, que conducían al título de ingeniero de primera clase, que sólo podía otorgarlo el Real Instituto Industrial de Madrid. Los primeros años de la Escuela fueron de ilusiones pero también de preocupaciones por las estrecheces económicas y por la falta de facultad para impartir la enseñanza superior. Así que Barcelona y su Escuela confiaban que la reforma de 1855, diése respuesta a esas preocupaciones. Pero esto no sucedió, ni en lo que se refería a la enseñanza superior ni en lo que afectaba a las atribuciones. La burguesía industrial catalana, apoyó la candidatura de Barcelona para impartir la enseñanza superior, emprendiendo una campaña de prensa a través de la Revista Industrial, órgano de la Junta de Fábricas de Cataluña. El objetivo primordial de esa campaña era criticar al Real Instituto Industrial de Madrid, poniendo de manifiesto sus insuficiencias. La campaña cesó momentáneamente con la promulgación de la Ley Moyano, el 9 de Septiembre de 1857, que convertía en escuelas superiores a las de Barcelona, Gijón, Sevilla, Valencia y Vergara. Los decretos de agosto de 1860 y la Real orden de 8 de septiembre de 1860 posibilitaron la enseñanza superior en Barcelona, y el Real decreto de 28 de abril de 1861 autorizó a las escuelas industriales superiores de Barcelona, Sevilla y Valencia a realizar los exámenes de fin de carrera para la obtención del título de Ingeniero mecánico o químico. Será Dionisio Roca Subirana el primer titulado superior que saldrá de la ya llamada Escuela Superior Industrial de Barcelona.


5- El derrumbamiento del sistema de enseñanzas industriales (1860-1867).

El plan de escuelas industriales de 1855 constituía una apuesta firme, para asentar sólida y científicamente, la industrialización española. Pero la bonanza económica de esos años era sólo un espejismo. Se trataba del "ciclo excepcional 1853-1856", durante el cual, aprovechando la guerra de Crimea, las ventas de trigo a Europa produjeron notables beneficios. Pero la guerra acabó, y la mala cosecha de 1857 terminó con las exportaciones, e incluso hubo que recurrir a importaciones masivas.

La mala situación económica del Estado también se percibió en la financiación de las enseñanzas industriales. Los problemas de financiación y la crisis económica de 1865-67 propiciarán el cierre de casi todas las Escuelas: la de Gijón y la de Vergara fueron suprimidas en 1860, la de Valencia cerró en 1865 y la de Sevilla en 1866. Finalmente, el Real Instituto Industrial de Madrid, desapareció en 1867. Era, sin duda, un fracaso del Estado en este campo. Sólo sobrevivirá la Escuela de Barcelona, gracias a que las instituciones locales suplieron la acción del Estado. La Real orden de 16 de Agosto de 1866 contenía los términos del acuerdo tripartito Estado-Diputación-Ayuntamiento que garantizará el sostenimiento económico de la Escuela de Barcelona hasta 1917, año en el que pasó a depender únicamente del Estado. Esta inhibición del Estado, en lo que se refiere al proceso de industrialización en su conjunto, es uno de los factores que explican el descuelgue de España de ese proceso que había iniciado bien. El hecho de que la única escuela industrial no estuviese en la capital del reino fue una consecuencia de esa diferenciación entre la capital política y la capital industrial, que tanto contribuirá a acentuar las dificultades de la industrialización de España durante el siglo XIX. Así que entre 1867 y 1899, año en que empezó a funcionar la Escuela de Bilbao, la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona fue la única responsable de proporcionar a Cataluña y a España los técnicos superiores que la industrialización del país requirió.

En la presente comunicación se examina y se analiza la trayectoria de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona durante los 150 primeros años de su existencia.

EL REAL INSTITUTO INDUSTRIAL DE MADRID (1850-1867)

José M. Cano Pavón
Universidad de Málaga

El Real Instituto Industrial de Madrid (RII) fue la pieza fundamental de la enseñanza industrial establecida en España en septiembre de 1850. Este sistema docente, en tres niveles, contemplaba una enseñanza elemental, otra de nivel medio (que se daría en las escuelas industriales de Barcelona, Sevilla y Vergara, ampliadas más adelante a Valencia y Gijón) y un nivel superior, con el que se alcanzaba el título de ingeniero industrial, que se impartiría exclusivamente en el Real Instituto Industrial madrileño. El Conservatorio de Artes quedaba englobado en el RII, el cuál impartía clases a obreros y artesanos, disponía de un museo industrial, y tenía la misión de realizar informes técnicos y controlar todo lo referente a tramitar las patentes de invención y de introducción, y los certificados de marcas industriales.

En 1855 se creó el Decreto de Luxán, que trató de mejorar y simplificar la estructura de los centros industriales y estableció la enseñanza de ampliación -ahora denominada profesional- en Valencia, continuando exclusivamente la enseñanza superior en el Real Instituto. Dos años mas tarde, la ley Moyano, transformó en escuelas superiores de ingeniería a las de Barcelona, Sevilla, Valencia, Vergara y Gijón (si conseguían la financiación adecuada) y adscribió la enseñanza industrial elemental a los institutos de forma exclusiva; esta reforma fue completada con otras disposiciones en 1858. Se estableció que la financiación de las escuelas superiores de provincias se hiciera a partes iguales entre el Estado, las diputaciones provinciales y los ayuntamientos correspondientes, introduciendo con ello un elemento de inestabilidad.

La injustificada creación de tantos centros superiores, provocó que el número de alumnos de ingeniería en las diferentes escuelas superiores fuera muy escaso, lo que cuestionó la existencia de las escuelas industriales . Esto condujo a su desaparición: en 1860 cerraron las de Gijón y Vergara (que no consiguieron transformarse en superiores), en 1865 la de Valencia, en 1866 la de Sevilla y en 1867 le tocó el turno al Real Instituto Industrial de Madrid, permaneciendo solo la Escuela de Barcelona.

Antecedentes del Real Instituto:

Real Gabinete de Máquinas y Conservatorio de Artes Aunque el RII fue un organismo nuevo, tuvo como precedentes históricos al Real Gabinete de Máquinas (1791-1824) y, posteriormente, al Conservatorio de Artes (1824-1850, el RII absorbió al Conservatorio, haciéndose cargo de sus profesores y de los medios materiales de que disponía. El origen del Real Gabinete de Máquinas está en la actividad desarrollada por Agustín de Bethencourt y colaboradores (Juan López Peñalver, Tomas de Veri, Juan de la Fuente, Joaquín Abaitua y Juan de Mata) pensionados por el gobierno español en la École des Ponts et Chaussées de París, con el objetivo de realizar estudios de ingeniería y construir una colección de láminas y maquetas de máquinas para las obras públicas y la industria. El estallido de la Revolución francesa determinó el traslado de los planos y maquetas a Madrid, en 1791, instalándose este material en el palacio del Buen Retiro, constituyéndose de esta manera el Real Gabinete de Máquinas, del cual fue primer director Agustín de Bethencourt. En sus primeros años funcionó como un museo industrial. En los talleres del Gabinete se construyeron los aparatos de señales para la instalación de la línea telegráfica óptica que había de unir Madrid con Cádiz. En 1802 el Real Gabinete quedó englobado dentro de la Escuela de Caminos y Canales, que se instaló en los locales del Palacio del Buen Retiro. Lugar donde realizaba el alumnado la mayor parte de las prácticas.

El comienzo de la guerra contra la Francia napoleónica (Mayo 1808) y la clausura de la Escuela de Caminos y del Gabinete de Máquinas, hizo que el material fuera depositado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1813, con el fin de la guerra, el Gabinete fue reorganizado, pasando a depender de la Real Sociedad Económica Matritense, depositándose los objetos en los locales de dicha sociedad.

En 1824, por iniciativa del ministro López Ballesteros, se creó en Madrid el Real Conservatorio de Artes, el cuál tenía funciones múltiples, era un centro polivalente: museo-depósito de máquinas, taller para la enseñanza práctica de construcción de toda clase de artilugios y organismo encargado de gestionar los denominados privilegios industriales: concesión de patentes de invención y de introducción (desde 1826) y expedición de certificados de marcas industriales (a partir de 1850). Sus actividades docentes se concretaron en los dos años siguientes, al establecerse en su seno las enseñanzas de geometría, física, mecánica, química y delineación. También se organizaron en el centro diversas exposiciones de productos industriales.

En 1832 se dividió la enseñanza que impartía en tres niveles: particular, general y especial. A partir de 1834, y dependiendo del Conservatorio, se crearon varias cátedras de matemáticas y química en varias capitales de provincia: Valencia, Sevilla, Málaga, Granada, Oviedo, Santiago de Compostela, Zaragoza, etc. Éstas quedaron bajo el control de las correspondientes sociedades económicas, excepto las de Málaga, que dependía de la Junta de Comercio de la ciudad.

Evolución del Real Instituto Industrial

El Real Instituto tenía que organizar durante sus tres primeros años una enseñanza especial o normal, con el propósito de formar profesores para las escuelas de provincias. Para dicha enseñanza solo se admitirían seis alumnos por año, y debían cursar de forma intensiva numerosas asignaturas similares a las previstas en los estudios de ingeniería. Por otra parte, se confirmaba en sus puestos de catedráticos a los del Conservatorio, aunque algunos cambiaron de asignatura, y se creaban también ocho plazas de ayudantes. Su director inicial fue Joaquín Alfonso El centro completó pronto su plantilla docente, y fue ampliando poco a poco sus medios materiales. Contó con 19 profesores (de distintos niveles, aunque con predominio de los catedráticos numerarios) y 7 ayudantes. Los primeros ingenieros obtuvieron sus correspondientes títulos en el año 1856, tras la realización de los ejercicios correspondientes.

La reforma por la ley Moyano de 1857 y disposiciones posteriores, que extendieron los estudios superiores de ingeniería a varias escuelas regionales y confinaron el nivel elemental en los institutos de segunda enseñanza, hizo decaer la matrícula en el Real Instituto Industrial. El centro seguía manteniendo la antigua enseñanza de artesanos (en la que aprendían principalmente delineación) bastante concurrida, con una media anual de 400 a 500 alumnos (jóvenes obreros que trabajaban de día y acudían al Instituto durante la noche.

Diferentes organismos e individuos se plantearon la necesidad de cambiar la enseñanza industrial tal como estaba planteada. Así, el consejo de estudios del centro propuso que los estudios de ingeniería superior quedaran limitados a Madrid, mientras que las escuelas de provincia debían ocuparse exclusivamente de la enseñanza a artesanos. Por su parte, Juan Mercader, director de la Escuela Industrial de Valencia, proponía volver al antiguo sistema establecido en 1850, con los tres niveles de enseñanza industrial (elemental para formación de artesanos, medio para formar peritos y superior para ingenieros), de tal manera que la enseñanza superior quedara circunscrita exclusivamente al RII, mientras que las escuelas regionales se ocuparían de los dos primeros niveles.

Pero, como es conocido, los intentos de reforma de la enseñanza industrial no llegaron a cuajar; la débil industrialización del país, la escasa matriculación, el elevado coste de mantenimiento de los centros y el escaso apoyo de diputaciones y ayuntamientos determinaron que el Ministerio los fuera cerrando. Por último, le tocó el turno al Real Instituto, que cerró sus puertas en el verano de 1867. Sus profesores se dispersaron, pasando varios a la Universidad Central (Magín Bonet, Fernando Boccherini, Eduardo Rodríguez, etc.); otros permanecieron en el Conservatorio de Artes que, como escuela de artes y oficios siguió funcionando en el local del Instituto (Isaac Villanueva, Félix Márquez, Mariano Borrell).

El número aproximado de ingenieros superiores que salieron de sus aulas fue de 165 titulados.

Profesorado

Los profesores del RII tenían un origen muy variado, en el terreno científico, la mayoría responde a la figura del profesor español universitario del XIX, más volcado hacia la divulgación que hacia la investigación propiamente dicha. Un primer grupo de profesores lo componían aquellos que habían estudiado en el extranjero, pensionados por el Gobierno español, y habían obtenido el título de ingenieros que luego revalidarían en el mismo RII. Estos profesores se encargaron de las materias específicamente tecnológicas Un segundo grupo lo formaban tres profesores que eran arquitectos.

Un tercer grupo de profesores estaba formado por personas que habían adquirido amplios conocimientos matemáticos en diversos centros.

Otro grupo lo constituían aquellos profesores que se habían formado en la Escuela Normal del RII Estaban luego los profesores farmacéuticos, que se ocuparon por lo general de las asignaturas relacionadas con la química.

Por último, había en el RII varios catedráticos encargados de las enseñanzas de Comercio: Luís M. Utor Suárez, ingeniero industrial (1864), encargado de la enseñanza de primeras materias y productos industriales correspondiente a dichos estudios; Benigno Carballo, autor de un tratado de economía política, y Joaquín M. Sanromá, autor de numerosas obras sobre temas económicos y sociales.

Además de los catedráticos citados anteriormente hubo en el centro un conjunto de ayudantes, que más tarde al cerrarse el centro pasaron como profesores a diversos centros. En su mayor parte consiguieron el título de ingeniero en el mismo RII. Los más destacados fueron: Bernardo Cañizares, Joaquín de Salas Dóriga, Gabino Maiz González y Antonio Márquez Canelo.

Consideraciones finales

El RII, primera escuela de ingeniería industrial superior que funcionó en España, consiguió disponer de medios humanos y materiales aceptables -salvo los talleres- para su época. Como ocurrió con otras escuelas especiales, estuvo ubicado en un local insuficiente para sus necesidades. Sus actividades sobrepasaban el ámbito docente, ya que intervino con frecuencia en tareas de asesoramiento industrial, elaboración de informes y tramitación de patentes y marcas, contando también con un museo industrial y con un centro de formación de obreros. Las dificultades del RII comenzaron a comienzos de los años sesenta, cuando se transformaron en escuelas superiores las de nivel medio de Barcelona, Sevilla y Valencia, que hicieron disminuir la matrícula; también influyó el hecho de que la enseñanza elemental, así como que se les exigiera a los alumnos estudios preparatorios en la Facultad de Ciencias. El problema se agravó por las pocas salidas profesionales que en aquellos momentos presentaba en España la carrera de ingeniero industrial, tanto en el sector público (por la inexistencia de un cuerpo de funcionarios similar al de otras ramas de la ingeniería) cómo en el sector privado, a causa del escaso desarrollo industrial. El bajo número de alumnos y el relativamente alto coste del centro justificaron el cierre en el verano de 1867.

UNA DÉCADA TRASCENDENTAL EN EL DESARROLLO DE LA ELECTROTECNIA (1882-1891)

Luis I. Eguíluz; José C. Lavandero; Paulino Sánchez
Dpto. de Ingeniería Eléctrica y Energética
Universidad de Cantabria

En 1882 Deprez, en la exposición de Munich, realizó un transporte de energía en corriente continua, de 375 W, a una distancia de 57 km. Pasada la euforia inicial, cundió el desánimo, entre ingenieros y científicos, ante la imposibilidad de transportar, con rendimiento aceptable, energía eléctrica a distancias superiores a los 50 kilómetros.

El 24 de enero de 1891, se procedió al ensayo previo -en la fábrica Erlikon- del transporte trifásico de energía, la gran novedad de la Exposición de Frankfort; efectivamente, hace poco más de un siglo, se realizó el transporte de una potencia de 300 caballos, a una distancia de 180 km, con una caída de tensión máxima admisible del 10%. En la experiencia, estuvieron presentes todos los elementos de red -novedades de la época- que nos resultan habituales en la actualidad: alternador -denominado entonces dinamo de corriente alterna-, transformadores, línea aérea trifásica y motor asíncrono trifásico.

El éxito del ensayo, abrió el paso a la realización de la generación, transporte y distribución en corriente alterna, a la puesta en marcha de proyectos -pendientes durante años, como el del aprovechamiento hidroeléctrico de las Cataratas del Niágara.

Esta década, a nuestro juicio, ha supuesto el comienzo del desarrollo de la Electrotecnia como servicio imprescindible, sin el que no podría haberse llegado al nivel de desarrollo tecnológico del que disfrutamos hoy en día.

APROXIMACION AL REAL CONSERVATORIO DE ARTES: PRECEDENTE OFICIAL DE LAS ESCUELAS DE INGENIEROS INDUSTRIALES (1824-1850)

Javier Ramón Teijelo
Universitat Autònoma de Barcelona

Existieron una serie de personajes e instituciones clave vinculados con la administración gobernante que fueron los artífices de un incipiente movimiento industrialista en la España de la época. Una de las manifestaciones de este fenómeno fue la reforma de la enseñanza superior y la creación de nuevos centros docentes.

Aquí es donde aparece el Real Conservatorio de Artes de Madrid como centro de transición. Esta institución, en parte heredera del Real Gabinete de Máquinas fundado por Agustín de Betancourt, fue depositaria de los fondos que aún perduraban procedentes del mismo. Tenía como misiones fundamentales, proporcionar instrucción a los oficios relacionados con la industria, asesorar en el establecimiento de fábricas, organizar exposiciones industriales así como la emisión de los privilegios de patentes. Por ello, en el Real Conservatorio cabe ver un nexo entre la ingeniería de la Ilustración y la moderna ingeniería industrial.

Las enseñanzas elementales impartidas por el Real Conservatorio de Artes de Madrid, si bien estaban destinadas inicialmente a mejorar la formación de los artesanos y menestrales, fueron evolucionando paulatinamente hasta constituir el germen oficial de las Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales que surgieron con posterioridad.

Inicialmente el Real Conservatorio dio cobijo a parte del profesorado de la Escuela de Caminos, tras la extinción de su efímero segundo establecimiento en 1823, hasta su tercera y definitiva apertura en 1834. Sin embargo su organización y evolución trajo consigo que ciertos alumnos formados en la Institución, fueran pensionados principalmente a la École des Arts et Manufactures de París, y pasaran a ejercer con posterioridad la docencia en sus aulas, consiguiendo crear un centro con identidad propia.

Fruto de esta evolución fue el encargo, al Organo Rector del Conservatorio, de la elaboración de un plan global para todos los niveles de las enseñanzas industriales en España. Todo lo anteriormente expuesto conlleva a que esta institución tenga un extraordinario valor de precedente para los ingenieros industriales.

APROXIMACION AL REAL CONSERVATORIO DE ARTES: PRECEDENTE OFICIAL DE LAS ESCUELAS DE INGENIEROS INDUSTRIALES (1824-1850)

Javier Ramón Teijelo
Universitat Autònoma de Barcelona

Con independencia de los avatares socioeconómicos acaecidos durante la primera mitad del siglo XIX, existieron una serie de personajes e instituciones clave vinculados con la administración gobernante que, siguiendo la estela dejada por los ilustrados, fueron los artífices de un incipiente movimiento industrialista en la España de la época. Una de las manifestaciones de este fenómeno fue la reforma de la enseñanza superior y la creación de nuevos centros docentes. Es aquí donde aparece el Real Conservatorio de Artes de Madrid como centro de transición. Esta institución, en parte heredera del Real Gabinete de Máquinas fundado por Agustín de Betancourt, fue depositaria de los fondos que aún perduraban procedentes del mismo. Tenía como misiones fundamentales, proporcionar instrucción a los oficios relacionados con la industria, asesorar en el establecimiento de fábricas, organizar exposiciones industriales así como la emisión de los privilegios de patentes. Por ello, en el Real Conservatorio cabe ver un nexo entre la ingeniería de la Ilustración y la moderna ingeniería industrial.

Las enseñanzas elementales impartidas por el Real Conservatorio de Artes de Madrid, si bien estaban destinadas inicialmente a mejorar la formación de los artesanos y menestrales, fueron evolucionando paulatinamente hasta constituir el germen oficial de las Escuelas Superiores de Ingenieros Industriales que surgieron o se asentaron definitivamente con posterioridad. Por otra parte esta Institución tuvo el mérito de constituir uno de los pocos reductos del saber científico-técnico, en medio del desolador panorama intelectual español, durante el primer tercio del siglo XIX. Inicialmente el Real Conservatorio dio cobijo a parte del profesorado de la Escuela de Caminos, tras la extinción de su efímero segundo establecimiento en 1823, hasta su tercera y definitiva apertura en 1834. Sin embargo su organización y evolución trajo consigo que ciertos alumnos formados en la Institución, fueran pensionados principalmente a la École des Arts et Manufactures de París, y pasaran a ejercer con posterioridad la docencia en sus aulas, consiguiendo crear un centro con identidad propia.

Fruto de esta evolución fue el encargo, al Órgano Rector del Conservatorio, de la elaboración de un plan global para todos los niveles de las enseñanzas industriales en España. Todo lo anteriormente expuesto conlleva a que esta institución tenga un extraordinario valor de precedente para los ingenieros industriales.

LA FORMACIÓN DE TÉCNICOS Y OBREROS EN UNA INDUSTRIA QUÍMICA MULTINACIONAL: SOLVAY EN ESPAÑA (1908-1935). El problema de la transferencia de tecnología a través de los ingenieros y su encuentro con la cultura local.

Ángel Toca
Unidad de Historia de la Ciencia
Universidad de Cantabria

La llegada de Solvay a España a comienzos del siglo XX, supuso el desembarco de la multinacional belga y la construcción de una planta química moderna en nuestro país. La implantación en Torrelavega (Cantabria) no sólo implicaba la construcción física de la planta y la entrada de moderna maquinaria, sino también la llegada de los distintos técnicos encargados de su puesta a punto y de su funcionamiento. A diferencia de los que había sucedido en otros países europeos en donde Solvay había instalado sus plantas, en España fue necesaria la incorporación exclusiva de ingenieros, técnicos y capataces franceses y belgas, y no fue hasta bien entrado el siglo cuando fue contratado el primer ingeniero español.

Los ingenieros industriales, los de minas y los técnicos reclutados por la compañía para trabajar en España, pasaron por una etapa de formación posterior tras su incorporación a la compañía. Para ello eran enviados a las distintas plantas de la multinacional, donde tras un periodo de formación aprendían las labores que más tarde iban a desempeñar en su lugar de trabajo. La dependencia de su presencia para el correcto funcionamiento de la planta tuvo también sus inconvenientes, puestos especialmente de manifiesto con su reclutamiento obligatorio durante la I Guerra Mundial. La construcción de viviendas más confortables y el disfrute de servicios e instalaciones exclusivas para ellos y los empleados españoles, creó una pequeña colonia cerrada sobre si misma. Los obreros, cuyo nivel de formación era escasa a comienzos de siglo, pronto se beneficiaron de la labor educativa de la compañía. Sensible al deficiente educativo de los nativos, Solvay fundó desde un primer momento su Escuela Primaria patronal, la cual permitía a los hijos de obreros y empleados alcanzar un grado de formación mejor que la que habían alcanzado sus padres. Conforme fue avanzando el siglo, el nivel de escolarización de la población en general fue mejorando. La aparición de diversas Escuelas en la capital de la región (de Comercio, de Trabajo, Industrial, etc.), permitió que muchos jóvenes cántabros fuesen adquiriendo una mejor capacitación profesional. Estos nuevos obreros, algunos de los cuales eran hijos de obreros de Solvay, fueron incorporándose a la planta de Torrelavega en sus categorías de capataces y empleados. Su mejor nivel educativo les permitió acceder a una formación más especializada, desarrollada dentro de las diversas plantas de la compañía al igual que ingenieros y técnicos.

HISTORIA DEL DESARROLLO DE TECNOLOGÍAS INDUSTRIALES PARA EL CONTROL DE LA CORRIENTE CONTINUA

Luis I. Eguíluz; Mario Mañana; José C. Lavandero
Dpto. de Ingeniería Eléctrica y Energética
Universidad de Cantabria

Desde las primeras experiencias con electricidad estática, descritas por Thales de Mileto (año 600 a.c.), y los trabajos de Galvani y Volta a finales del siglo XVIII dedicados a la generación de corriente continua mediante procedimientos químicos, hasta los convertidores electrónicos actuales basados en tecnología de estado sólido, la utilización industrial de la corriente continua ha evolucionado por diferentes tecnologías.

Restringiendo el estudio a los métodos para obtener fuentes de tensión variables, con relevancia industrial, es posible establecer dos grandes fronteras:

Una primera etapa dominada por la generación basada en máquinas eléctricas de cc, a raíz del desarrollo de la dinamo de cc por Graemme a finales del siglo XIX que alcanza su máximo esplendor con el desarrollo del sistema Ward-Leonard.

Una segunda etapa dominada por la rectificación mediante válvulas de vacío de la corriente alterna generada básicamente mediante generadores síncronos. El comienzo de esta etapa fue iniciado a principios del siglo XX por Lee de Forest con el desarrollo de la válvula de vacío termoiónica de dos terminales, que fue utilizada inicialmente como un rectificador para el desarrollo de receptores de radio, pero que no tardó en ser utilizada en el desarrollo de fuentes de alimentación de cc. Una tercera etapa dominada por la tecnología de estado sólido. Desde el descubrimiento del transistor por Bardeen, Brattain y Shockley a mediados del siglo XX, el desarrollo de dispositivos de estado sólido para la construcción de fuentes de cc ha sido incesante. Tecnologías como la rectificación no controlada, controlada y los modernos convertidores cc / cc se ha erigido como dueñas absolutas del control de la cc en la industria.

La ponencia expone también el proceso de recuperación de rectificadores basados en válvulas de vacío realizado por nuestro Departamento.


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Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, 2000