Intervenciones en el Acto de Inauguración del Sesquicentenario
 
  Intervención de Jorge Fernández Díaz, Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, en el Acto de Inauguración del Sesquicentenario (Madrid, 8 de Noviembre de 2000)


Las palabras que Ortega y Gasset nos ofrece en su libro “Meditación de la técnica”, hoy cobran plena vigencia. Decía Ortega: “Vean, pues, los ingenieros como, para ser ingeniero, no basta con serlo. Mientras se están ocupando de su faena particular, la historia les quita el suelo de debajo de los pies. Es preciso estar alerta y salir del propio oficio; otear bien el paisaje de la vida, que siempre es total. La facultad suprema para vivir no la da ningún oficio ni ninguna ciencia; es la sinopsis de todos los oficios y todas las ciencias, y muchas cosas además”.

Después de 150 años, los estudios de Ingeniería Industrial se han consolidado como una formación que excede del ámbito puramente científico y tecnológico, para encontrar su razón de ser en las necesidades, en las costumbres, en la cultura, en la educación, en definitiva en los objetivos de nuestra sociedad de la información y del conocimiento.

El Ingeniero, el buen ingeniero industrial, tiene que haberse impregnado del siempre necesario espíritu crítico que le permita reconsiderar continuamente lo aprendido en el pasado y buscar siempre lo nuevo para ponerlo al servicio de los demás.

Y así hemos superado la imagen del ingeniero enfrascado en sus máquinas y en la asimilación estricta de conceptos matemáticos o técnicos. El ingeniero de nuestros días es versátil y sus conocimientos y aptitudes pueden ser desarrollados en muchos y diferentes ámbitos, como hemos podido comprobar en intervenciones anteriores. Es imprescindible, como decía Ortega, observar, asimilar y reflexionar para convertir toda esa información a la que tenemos acceso en conocimiento.

En un conocimiento que, además de completar vuestra formación, nos sirva para reforzar nuestra capacidad para convivir, para ser más libres y fundamentalmente para asumir, en plenitud de condiciones, los retos que imponen los nuevos tiempos.

Algunos dicen, con una cierta maldad, que si la política es el arte de lo posible, la ingeniería es el arte de resolver problemas, y este es un motivo para señalar, si me permiten, su semejanza y complementariedad. Quizás sea ésta la razón que explica el que se califique como una “obra de ingeniería política” la culminación en el ámbito de lo político, que aparecía inicialmente compleja, cuando no de imposible solución. También se habla así de Ingeniería Financiera, aunque se eche a temblar al oírlo el Ingeniero y también político Rodolfo Martín Villa, aquí presente.

Los ingenieros manipulan la realidad material, los políticos trabajan sobre la realidad social y por ello se habla de ingeniería social, una disciplina que está a cargo de los “Think Tanks” o fundaciones que agrupan pensadores expertos en analizar problemas sociales, proyectar las tendencias de futuro y asesorar las decisiones de los políticos.

Por otro lado, los ordenadores permiten ahora cálculos, como el análisis factorial –o el contraste de declaraciones por parte de Hacienda- que hace treinta años no eran posibles. Por medio de los ordenadores se ha iniciado la Teoría del Caos, que no tiene nada que ver con la política, sino con el estudio de la dinámica de fluidos, aquélla parte de la asignatura que se solía liquidar con la frase aliviadora: “Esto no va para examen”. Y la dinámica de fluidos está mucho más cerca de la realidad social que la dinámica de sólidos: al fin y al cabo el alma humana se asemeja más al agua que a una bola de billar.

Por todo ello la ingeniería está llamada a ejercer un influjo benéfico en la sociedad, cooperando a que la política se haga más informada, más previsible, más científica en una palabra, y que el nivel de vida de más y más ciudadanos del mundo siga mejorando gracias a la técnica guiada por la solidaridad y el humanismo.

Confiemos en fin, especialmente a partir de ahora, que la Ingeniería y Santo Tomás Moro nos ayuden a los políticos a tener, como nos pedía el Papa en nuestro Jubileo, fortaleza, paciencia y perseverancia y a que no nos corten la cabeza como al Santo Mártir. Muchas Gracias.


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Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, 2000