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Resulta una obviedad decir que los ingenieros han tenido un papel determinante en el proceso de crecimiento vertiginoso experimentado en los dos últimos siglos y que son indispensables para toda sociedad que aspire a la modernidad. Modernidad, desarrollo, progreso e ingeniería son inseparables. En particular, los ingenieros industriales han jugado un papel especialmente relevante en la implantación de la industria en nuestro país, y en esta medida han contribuido decisivamente a su crecimiento económico y su bienestar. El carácter generalista de su formación los ha hecho especialmente aptos para contribuir a crear un tejido empresarial e industrial completamente básico para un sólido desarrollo industrial.
Los ingenieros industriales, en su actuación profesional, están guiados por unos criterios pragmáticos que impregnan todas sus actividades y que los hacen especialmente útiles a la sociedad. Han desarrollado una especial capacidad para buscar soluciones especiales a los problemas. Esta capacidad se desarrolla no sólo en el ámbito estrictamente técnico, sino que trasciende a las propias empresas en las que desarrollan su actividad.
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